domingo, 18 de junio de 2017

errores refractivos

. EMETROPÍA Y AMETROPÍA

La luz es una forma de energía radiante que da a los objetos su visibilidad dependiendo de la cantidad de luz que se refleje o absorba. Cuando la fuente luminosa está cercana, los rayos luminosos son divergentes al llegar al ojo, mientras que si se encuentra distante, llegarán paralelos. En oftalmología se consideran paralelos los rayos provenientes de una distancia mayor de seis metros, debido al pequeño tamaño del orificio pupilar. Los rayos luminosos llegan a la retina tras atravesar la córnea, humor acuoso, cristalino y vítreo. Debido a los diferentes índices de refracción de estos medios, alteran su dirección a medida que los atraviesan. Si la imagen no enfoca sobre la fóvea, los objetos aparecen borrosos. Básicamente, hemos de considerar dos situaciones ópticas en oftalmología: emetropía y ametropía. Emetropía es el estado refractivo del ojo fisiológicamente normal, en el cual los rayos luminosos que llegan paralelos de un objeto distante, con la acomodación relajada, quedan enfocados en el plano de la retina, dando una imagen nítida del objeto. Ametropía es la situación en la que los rayos de luz paralelos enfocan delante o detrás del plano de la retina y la imagen de un objeto lejano es borrosa. Estas definiciones solo tienen en cuenta los defectos de refracción esferocilíndricos: miopía, hipermetropía y astigmatismo. No obstante, existen otras aberraciones del ojo que pueden ser responsables, en algunos casos, de alteración visual y, por tanto, de ametropía. Son las denominadas aberraciones de alto orden, entre las que cabe destacar por su importancia la aberración esférica y el coma. A la vista de las últimas innovaciones en cirugía refractiva y la gran importancia que está adquiriendo la aberrometría, es conveniente ampliar el concepto de los problemas refractivos, teniendo en cuenta estas aberraciones. De ellas hablaremos brevemente al final .
MIOPIA
En realidad, la miopía no se puede considerar una enfermedad siempre y cuando no se supere una determinada graduación, sino un defecto óptico de refracción, ya que es producto de variaciones biológicas normales del sistema visual que producen un fallo en la correlación entre los diferentes componentes del ojo (curvatura corneal, potencia del cristalino, longitud axial y profundidad de la cámara anterior).

Los síntomas de la miopía pueden presentarse desde la infancia y pueden aumentar con el paso del tiempo al producirse cambios en la graduación. Por regla general, la miopía tiende a estabilizarse a partir de los 18 años. Puede presentarse asociada a otros defectos refractivos, como el astigmatismo (astigmatismo miópico) y la presbicia o vista cansada.

HIPERMETROPIA



En el caso de los niños o jóvenes que padecen hipermetropía, y si su graduación no es muy alta, pueden no manifestar esa falta de agudeza visual ya que compensan la hipermetropía mediante la acomodación (el cristalino incrementa su potencia aumentando su espesor y curvatura por la contracción de los músculos que lo rodean). El continuo esfuerzo de acomodación puede provocar síntomas como fatiga visual, picor de ojos o dolores de cabeza. En el caso de los pacientes mayores de 40 años, la hipermetropía puede confundirse con la presbicia o vista cansada, otro defecto refractivo provocado por la pérdida de la capacidad de acomodación del cristalino y que se debe al paso del tiempo.

En el paciente hipermétrope, la imagen se enfoca detrás de la retina y no directamente sobre ella, a diferencia de lo que ocurre en un paciente emétrope (sin graduación). Este fenómeno se debe, bien a que el ojo el paciente hipermétrope es más corto de lo habitual, o bien a que la potencia óptica de su cristalino y/o de su córnea es menor de lo normal. La hipermetropía puede aparecer sola o combinada con astigmatismo

Este defecto de la refracción afecta a la mayor parte de los recién nacidos, ya que su sistema visual todavía no está completamente desarrollado (hipermetropía fisiológica), pero durante el periodo de crecimiento tiende a corregirse. Cuando el problema persiste y no se corrige de forma adecuada, pueden desencadenarse otras alteraciones visuales, como el ojo vago o el estrabismo.

La hipermetropía no se puede prevenir, pero, especialmente en el caso de los niños, es muy importante detectarla precozmente para ser corregida, por eso son muy importantes las revisiones oftalmológicas periódicas y completas (con fondo de ojo).

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